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Mis tormentos

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A veces me atormenta simplemente vivir. Levantarme sintiendo algún dolor, arrastrarme hasta el trabajo, dar lo mejor de mi en esas circunstancias y acabar el día con un analgésico antes de acostarme. Siempre me atormenta pensar en mi padre. Sinceramente creo que jamás podré quitarme este tormento, ni siquiera el día en que él ya no esté. Siento una mezcla de rabia por verlo tan intransigente e intolerante con las situaciones de la vida y con nosotras, su familia, pena de verlo solo y descuidado, en el fondo sé que es una buena persona y culpa de no ejercer de hija perfecta, de no visitarlo a menudo, de no ocuparme de sus comidas, de sus visitas médicas y de entretenerle el largo tiempo que cada día tiene para no hacer nada. También me atormenta mi madre. Con su carácter depresivo, forzándose a vivir y a respirar. Todo es una gran carga para ella y en general, ha desaprovechado su vida y ella lo sabe. Siempre está triste y eso me provoca pena y culpa otra vez. Me atormenta mi hermana peque…

Mi útero

Mi útero llora.
Mi útero se contrae dolorosamente para lanzar con fuerza, un torrente incontenible de pena. No puedo pararlo, ni en urgencias, ni con reposo. Llora con mucha fuerza.
Mi útero llora de pena. Llora la ausencia de mis hijas. Llora por la maternidad extinguida. Llora sangre roja y líquida.
No es la menstruación, ya la pasé, lógicamente hablo de otro llorar. Esta vez es una cantidad fuerte que se expulsa con violencia fuera de mí desde hace días.
Es como si la vida se me fuera con esta hemorragia. Mientras escribo, gotea abundantemente mi pena. No tengo ninguna duda. Mi maternidad está herida y mi cuerpo así se resiente. Hace llorar al sito más sagrado y divino que existe en cualquier mujer. El que nos da el poder celestial de crear vidas.
Mi útero está dolido, inflamado y contracturado a la vez. Visualizo a mi órgano en el bajo vientre y le digo que se calme, que afloje y se tranquilice, porque si no, se me va a llevar por delante.
Calma y sosiego. La vida nos ha dado estas car…

La nube oscura

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A diario me duele la cabeza. Desde hace tiempo. Algunos días tan solo es una pequeña nube oscura que se posa encima de mis cejas y ahí se queda, sin cebarse, quieta y dando solo el malestar de sentir su peso en mi frente o dentro de las cavidades de mis ojos. En estas afortunadas ocasiones, mi vida continua, pesadamente, pero continua. Voy a trabajar, aunque mi concentración es menor, conduzco, converso y aguanto muchas veces más de lo que desearía, por lo de intentar hacer vida normal. Pero otras veces, la cargada nube oscura decide convertirse en tormenta. Intuyo fácilmente la intención de la fastidiosa nube y pongo los remedios a mi alcance para frenarla. En ocasiones lo consigo y la nube queda posada en mi frente, solo pesando. En las ocasiones más desfavorables, la nube genera un fuerte dolor de cabeza, con pinchazos en mi cráneo e intolerancia a la luz y el ruido. Es cuando tengo que excluirme del mundo. Si puedo, me acomodo en mi cama en silencio y respiro en la oscuridad de mi habi…

Completamente adicta

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Os marcháis otra vez, lejos, muy lejos. A tierras extrañas de gentes diferentes. Os marcháis a vivir muchas experiencias y eso os convierte en personas afortunadas. Y otra vez, yo me quedo aquí, colmada de vuestra ausencia y esperanzada de tener en algunas horas, noticias de vuestra llegada a esa patria lejana. Me acostumbro tristemente, a nuestra dura pero irremediable distancia. Me dicen que es Ley de Vida.
Veo pasar mis días monótonos, sin sobresaltos, con tranquilidad y con una agradable pero inquietante placidez. Aunque no estáis conmigo yo puedo oler vuestra piel, sentir vuestro tacto y oír vuestras risas. Me confieso completamente adicta a los felices recuerdos que vagan por mi mente. Cierro los ojos y puedo tocaros, acariciaros y ver a mis dos preciosas niñas cogidas de mi maño. Puedo cepillaros el pelo y hasta puedo acunaros en mis brazos. Adicta al pasado, para sobrellevar el presente, repite mi mente. He conseguido desarrollar una gran habilidad para trasladarme a otros tiempos, p…

El Respiro

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En ocasiones la vida afloja. Suelta la cuerda que habitualmente tensa con tanta fuerza. Finge estar ciega para no ver nuestros infortunios y contratiempos. Se hace la despistada. No tiene más remedio que dar un respiro. Inviable es mantenerse en la cresta de ola todo el tiempo. Así es que cuando la vida me da un respiro, se lo agradezco, lo disfruto, descanso y duermo profundamente. Atrás quedan ya las incansables preguntas; ¿cuánto durará el respiro? ¿porque la vida no me concede más? ¿porque son cortos y escasos? ¿cuándo disfrutaré de otro? Preguntas y más preguntas siempre sin respuesta. Agónico. Ahora prefiero aceptar el respiro tal y como llega. Me siento cansada de luchar contra el mundo, cuestionándolo todo y deseando lo que no tengo o a quién no tengo a mi lado. Una vez mi hermana mayor me comparó con Don Quijote, el valiente caballero que, dada su locura, mantenía una inerte lucha contra los molinos de viento. Hace unos días disfrute de un bonito respiro de la vida. Tuve el gran privil…

Todo

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TODO en la vida tiene un precio, cada acción, una repercusión. Cierto, ¿verdad?
Viendo pasar el tiempo, me detengo en mi pasado y observo. Intento adivinar el origen de mi situación actual. Mi tormento, mis dolores y sufrimiento.
Me veo estrenando mi maternidad, cuidando feliz de mis niñas pequeñas y veo mi cuerpo desdoblado en dos, para llegar a TODO.
TODO tiene muchas expectativas puestas en mí, me anima a retarle así que es muy fácil caer en sus redes y enredarme en ellas por mucho tiempo.
Ese TODO sinceramente, fue un peso muy grande para mí, una joven e inexperta mujer.
TODO incluyó un trabajo a tiempo completo en un proyecto nuevo que había de ser el futuro del sustento familiar. Un proyecto que necesitó mucho tiempo invertido y situaciones a superar.
TODO fue también mantener la casa limpia y ordenada, hacer la compra para la semana, cocinar tres comidas diarias para cuatro personas. Lavar, tender, guardar, planchar y coser la ropa familiar.
TODO fue iniciar en diferentes hábitos a …

Tu deuda

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Tú no lo sabes, pero me debes grandes cosas. Gracias a mi sentido común, a mi fuerza interior, gracias a mi bondad, a mi amor absoluto por mis hijas y a mi respeto por ellas, tú estás en deuda conmigo. Siempre lo estarás. Me debes esas sonrisas que recibes de amor y afecto cada día, me debes su complicidad, su educación, su saber estar y me debes su compañía. En definitiva, me debes un gran trabajo hecho desde la soledad, con tu olvido y tu indiferencia. Padres, fuimos los dos. Sabes de lo que hablo. Respira tranquilo. Ya no existe rencor en mí. Solo escribo para no olvidar que me debes mucho, para dejar constancia de tu deuda. Escribo para no olvidarme un día de mi gran obra maestra. Respira aliviado. Ahora recoges en parte, el fruto de mi esfuerzo.

Dulce Espera

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Dulce espera es lo que siento, esta dulce espera que es mi tiempo ahora, dulce espera de lo que ha de venir y dulce espera que es mi ilusión. Me preparo para ti, mi pequeña princesa. Me esfuerzo para ti también, mi reina mayor. Para mis amores, por vosotras dos. Concienzudamente cambio mis hábitos y reprogramo mis ideas, mis actos y lo que puedo, de mi carácter. Intento volverme más hábil, más certera, más facilitadora y más feliz. Algo en mí se resiste a tanto cambio, a estos nuevos patrones de pensamiento, a esta nueva versión de mi misma, por lo que el camino a seguir requiere calma. Cambios necesarios para mí, para estar a la altura, para ser merecedora de vuestra compañía y afecto por mucho tiempo, para enseñaros y para respetaros sumamente y en esencia. Con una bonita sonrisa recibo a esta Dulce espera por lo que ha de venir. Me empapo de paciencia, sosiego y lucidez para mejorar tanto mi salud física como psíquica. Difícil tarea ésta de ser madre. Nadie me advirtió, nadie me lo dijo …