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Una de cal y otra de arena

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La vida sorprende por su variabilidad. Nada puede darse por seguro, nada puede prometerse eterno. Parece ser todo fugaz y momentáneo. Tanto que he extrañado y he llorado la ausencia de mi hija pequeña los últimos cinco años de mi vida, en el presente puedo verla de nuevo, conversar sutilmente con ella y hasta puedo besarla suavemente. Con poca frecuencia y sin demasiada intensidad ni efusividad, pero, al fin y al cabo, puedo descubrirla, admirarla, oírla y puedo hasta conocer sus ideales y valores. Es una nueva mujer que descubro en este presente. Una mujer de mirada penetrante, muy independiente, de fuerte carácter, alta, bella, muy bella y positiva ante la vida. Un pequeño acercamiento traducido en un gran gozo para mi dolido corazón. Si bien, sigo sin ejercer de madre de ella. No cuento para nada en sus necesidades ni tan solo mis opiniones son escuchadas. Para ella, su padre es la única persona a la que permite ejercer cierta autoridad y control sobre su vida. C...

El Juego

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A menudo me pregunto sobre la definición de la Vida y siempre me viene a la mente la misma respuesta. La vida, es un Juego. Es el Juego por excelencia. Sin lugar a dudas, es el Juego más complejo, largo, entramado, enrevesado y real que pudiera yo conocer, en el cual, existe un inicio y un final, unos protagonistas/actores, unas normas a seguir y una temporalidad. Es una gran obra, muy compleja y admirable. Somos conscientes del principio del juego, pues se inicia con el nacimiento del protagonista o actor de la vida. Este protagonista viene de serie con un conjunto de características que le beneficiarán en algunos aspectos y le perjudicarán en otros. Será más o menos habilidoso en percibir y superar los obstáculos del Juego. A parte, el desarrollo como persona del protagonista le aportará, por parte de su familia, del nivel cultural de su país, de la situación económica, de sus estudios, etc. muchas más herramientas para desarrollar con éxito el Juego. Existen ...

Mis tormentos

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A veces me atormenta simplemente vivir. Levantarme sintiendo algún dolor, arrastrarme hasta el trabajo, dar lo mejor de mi en esas circunstancias y acabar el día con un analgésico antes de acostarme. Siempre me atormenta pensar en mi padre. Sinceramente creo que jamás podré quitarme este tormento, ni siquiera el día en que él ya no esté. Siento una mezcla de rabia por verlo tan intransigente e intolerante con las situaciones de la vida y con nosotras, su familia, pena de verlo solo y descuidado, en el fondo sé que es una buena persona y culpa de no ejercer de hija perfecta, de no visitarlo a menudo, de no ocuparme de sus comidas, de sus visitas médicas y de entretenerle el largo tiempo que cada día tiene para no hacer nada. También me atormenta mi madre. Con su carácter depresivo, forzándose a vivir y a respirar. Todo es una gran carga para ella y en general, ha desaprovechado su vida y ella lo sabe. Siempre está triste y eso me provoca pena y culpa otra vez. Me atormenta mi ...

Mi útero

Mi útero llora. Mi útero se contrae dolorosamente para lanzar con fuerza, un torrente incontenible de pena. No puedo pararlo, ni en urgencias, ni con reposo. Llora con mucha fuerza. Mi útero llora de pena. Llora la ausencia de mis hijas. Llora por la maternidad extinguida. Llora sangre roja y líquida. No es la menstruación, ya la pasé, lógicamente hablo de otro llorar. Esta vez es una cantidad fuerte que se expulsa con violencia fuera de mí desde hace días. Es como si la vida se me fuera con esta hemorragia. Mientras escribo, gotea abundantemente mi pena. No tengo ninguna duda. Mi maternidad está herida y mi cuerpo así se resiente. Hace llorar al sito más sagrado y divino que existe en cualquier mujer. El que nos da el poder celestial de crear vidas. Mi útero está dolido, inflamado y contracturado a la vez. Visualizo a mi órgano en el bajo vientre y le digo que se calme, que afloje y se tranquilice, porque si no, se me va a llevar por delante. Calma y sosiego. La vi...

La nube oscura

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A diario me duele la cabeza. Desde hace tiempo. Algunos días tan solo es una pequeña nube oscura que se posa encima de mis cejas y ahí se queda, sin cebarse, quieta y dando solo el malestar de sentir su peso en mi frente o dentro de las cavidades de mis ojos. En estas afortunadas ocasiones, mi vida continua, pesadamente, pero continua. Voy a trabajar, aunque mi concentración es menor, conduzco, converso y aguanto muchas veces más de lo que desearía, por lo de intentar hacer vida normal. Pero otras veces, la cargada nube oscura decide convertirse en tormenta. Intuyo fácilmente la intención de la fastidiosa nube y pongo los remedios a mi alcance para frenarla. En ocasiones lo consigo y la nube queda posada en mi frente, solo pesando. En las ocasiones más desfavorables, la nube genera un fuerte dolor de cabeza, con pinchazos en mi cráneo e intolerancia a la luz y el ruido. Es cuando tengo que excluirme del mundo. Si puedo, me acomodo en mi cama en silencio y respiro en la os...

Completamente adicta

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Os marcháis otra vez, lejos, muy lejos. A tierras extrañas de gentes diferentes. Os marcháis a vivir muchas experiencias y eso os convierte en personas afortunadas. Y otra vez, yo me quedo aquí, colmada de vuestra ausencia y esperanzada de tener en algunas horas, noticias de vuestra llegada a esa patria lejana. Me acostumbro tristemente, a nuestra dura pero irremediable distancia. Me dicen que es Ley de Vida. Veo pasar mis días monótonos, sin sobresaltos, con tranquilidad y con una agradable pero inquietante placidez. Aunque no estáis conmigo yo puedo oler vuestra piel, sentir vuestro tacto y oír vuestras risas. Me confieso completamente adicta a los felices recuerdos que vagan por mi mente. Cierro los ojos y puedo tocaros, acariciaros y ver a mis dos preciosas niñas cogidas de mi maño. Puedo cepillaros el pelo y hasta puedo acunaros en mis brazos. Adicta al pasado, para sobrellevar el presente, repite mi mente. He conseguido desarrollar una gran habilidad para tra...

El Respiro

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En ocasiones la vida afloja. Suelta la cuerda que habitualmente tensa con tanta fuerza. Finge estar ciega para no ver nuestros infortunios y contratiempos. Se hace la despistada. No tiene más remedio que dar un respiro. Inviable es mantenerse en la cresta de ola todo el tiempo. Así es que cuando la vida me da un respiro, se lo agradezco, lo disfruto, descanso y duermo profundamente. Atrás quedan ya las incansables preguntas; ¿cuánto durará el respiro? ¿porque la vida no me concede más? ¿porque son cortos y escasos? ¿cuándo disfrutaré de otro? Preguntas y más preguntas siempre sin respuesta. Agónico. Ahora prefiero aceptar el respiro tal y como llega. Me siento cansada de luchar contra el mundo, cuestionándolo todo y deseando lo que no tengo o a quién no tengo a mi lado. Una vez mi hermana mayor me comparó con Don Quijote, el valiente caballero que, dada su locura, mantenía una inerte lucha contra los molinos de viento. Hace unos días disfrute de un bonito respir...